Colombia en Paz

Arte político para un país sin memoria

Titular este post arte político para un país sin memoria es una excusa para desmitificar una frase que he escuchado desde que era niña, «Colombia es un país sin memoria», una especie de verdad sin discusión para referirse a todo aquello que engloba nuestra historia política.

Mientras avanzaba en mis estudios de ciencia política me seguía topando con la fatídica frase, fueron 5 años entre los libros y miles de textos que pasan por las manos de quien hace las ciencias humanas su profesión, las letras me cansaban, pero la imaginación se alborotaba cuando la historia de las guerras y posguerra en Europa daban cuenta de una producción artística ligada a los hechos políticos.

«Porque creo que, como una antorcha, que está siempre a punto de apagarse, el arte es una de las maneras que existen para dignificar al hombre en su capacidad de resistencia y la más paradigmática para mostrar su deterioro» Pablo Montoya, 2 de agosto de 2015.

Tenía curiosidad por saber si en Colombia contábamos con una especie de Club de los hachichins, o escuela como la Vanguardia Rusa, donde el constructivismo y el futurismo sirvieron a artistas de todos los ámbitos para expresarse y cumplir su cometido de hacer un arte al servicio del pueblo y denunciar las injusticias, o el muralismo mexicano, que aunque promovido por el Estado, fue un auténtico acto revolucionario. Google no era famoso, los profesores consultados no me dieron respuesta, los libros sólo contaban historias oficiales… y así transcurría mi incógnita.

Con el correr de los años fui anotando datos sobre obras que me conmovían,  listadas en una libreta no eran mas que trazos de nombres y años, uniéndolas, son expresiones artísticas que en Colombia tienen una intención, apelan a reflexionar sobre nuestra realidad y pueden llegan a incomodar a ciertos sectores, pues siempre le permiten al espectador reconsiderar su relación con el poder político, es un arte reaccionario, es memoria histórica hecha arte y aunque tal vez mi ignorancia artística me traicione, lo llamaría arte político.

Comparto con ustedes mi listado apelando a un orden cronológico y conciente de la necesidad de explorar más artistas y obras.  Arranco con Alejandro Obregón, pintor colombo-español, criado en la bella Barranquilla, crítico de la sociedad y la política, un artista de avanzada que se negó a cobijarse bajo escuela alguna y exploró la cultura colombiana como fuente de inspiración. De él, lo primero que me impacto fue su obra La Violencia (1962), una alusión al conflicto personificada en una mujer, esa víctima transversal de la violencia que es invisibilizada, una mujer desmembrada, una pequeña huella de sangre, tendida entre la luz y la sombra, es casi absorbida por la tierra mientras su vientre clamaba vida.

La Violencia, Alejandro Obregón (1962)
La Violencia, Alejandro Obregón (1962)

Años antes, Obregón fue testigo de varios de los años más sangrientos en Colombia, la denominada «época de la violencia», en ese contexto nació  Masacre del 10 de abril (1948), una composición en donde cuerpos sin vida, rostros aterrados y el rojo liberal y el azul conservador se entremezclan con la muerte, un reflejo de la vivencia directa del pintor luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, en donde las masacres conexas a ese suceso y el caos que envolvió la ciudad de Bogotá, conllevaron a una revuelta de protestas llamada el bogotazo, y que él mismo denominó como indignación popular reprimida por el gobierno. (presidido por Mariano Ospina 1946 – 1950).

 

En 1983 Obregón denunció el escabroso crimen de Gloria Lara, quien fuera directora Nacional de Acción Comunal y asuntos indígenas, secuestrada, torturada y asesinada,  a través de su obra Muerte a la bestia humana. Caso que hoy día conocemos como el primer falso positivo judicial en la historia de Colombia.

Enrique Graú, exponente del expresionismo y también caribe, fue sensible a la furia del pueblo colombiano y la represión durante el bogotazo, dedicó su pintura El tranvía en llamas (1948) a la descripción instantánea del acontecer de ese 9 de abril. No sería la única ocasión en la que un hecho político llegará a esta alma sensible, en 1981 expusó su obra Homenaje a un preso político, un ensamble que reflexiona sobre el veto a la pluralidad política que para esos años ya se hacía visible en Colombia, representada en las manos abiertas, símbolo de la transparencia  de aquel a quien se pretende censurar, encadenar.

Profunda y con un inigualable sentido social es la obra de Umberto Griandandi, artista colombiano que se destacó por el uso del grafismo y el expresionismo y por ser un hombre comprometido con la realidad social y política que le rodeaba. Ya en 1967 los helicópteros arma de guerra, las torturas, la mujer, los paisajes naturales, los estudiantes y la represión interpelaban en sus composiciones crudas y realistas, en donde los elementos del campo y la ciudad enmarcaban el dolor y la muerte, consecuencias del conflicto.

Griandandi fue cofundador de Taller Rojo 4, un colectivo de artistas que nació 1972 con el objetivo de tratar temas de impacto social, cultural y político en Colombia a través de un arte dialogante, logrando incidir en el posicionamiento de sectores marginalizados por el ejercicio excluyente del poder político y a su vez, profundamente victimizados a través del uso de la violencia.

Afiches, imágenes de producción masiva, serigrafías cargadas de simbología patria y violencia, dieron voz a campesinos, sindicalistas, indígenas y manifestaciones de la sociedad civil, como los defensores de derechos humanos, que aún hoy persisten en su reivindicación y en tener un lugar en el imaginario político del país, en la memoria viva de Colombia.

Serie Tríptico. Colombia 1971. Taller 4 Rojo. D. Arango-N. Zárate
Serie Tríptico. Colombia 1971. Taller 4 Rojo. D. Arango-N. Zárate

Con el insinuante nombre Congreso Titanic (1991)  Gustavo Zalamea tituló una de las tantas obras que desarrolló alrededor de la Plaza de Bolívar como escenario de mutación socio política. Por allá en el 2003 en un bar del barrio La Macarena de Bogotá vi un afiche con ese título, luego descubrí que para este artista el dibujo representaba la inmediatez de las emociones y las influencias acaecidas sobre él mismo en esta ciudad, así como la urgencia por renombrar a través de su arte la desigualdad, la corrupción y la violencia política que atraviesa la historia de cada rincón de la capital.

Congreso Titanic (1991)
Congreso Titanic (1991)

La urbe, lo político y surrealista danzaron en su obra Proyecto Bogotá (1995), tarjetas postales con una intención política podían pasar de mano en mano, en ellas el agua inundaba el Palacio de Justicia y la plaza entera, una ballena se vislumbraba entre las callejuelas del centro del la ciudad, el hielo y la sangre permearon el suelo de la plaza haciendo memoria de la tragedia del Palacio de Justicia, incluso recuerdo aquella postal dedicada a Obregón en donde un dinosaurio hambriento con un cielo despejado de fondo se posaba sobre el Congreso de la República, de ahí su propuesta de transformar la ciudad en una Utopía.

El relato de la violencia política en Colombia a través del arte no estaría completo sin la obra de Fernando Botero, quien durante los años 2004- 2005  donó a los colombianos  67 obras entre óleos y dibujos en las que expone el drama de la violencia. Un análisis completo  completo de este trabajo sería compilado en una publicación de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en 2012 titulada La violencia en Colombia según Fernando Botero, consideraciones historiográficas, estéticas y semiótica.

Sabemos que Botero no vive en nuestro país hace años y que su obra de caracteriza por ser colorida y gorda en alegría, él mismo ha reconocido que no ha sido tocado por la violencia, pero que sintió un llamado moral a la denuncia social del horror que han vivido miles de colombianos en décadas de conflicto.

Por último, les comparto algo sobre mi artista favorita, la escultora Doris Salcedo, casualmente la única fémina de la lista que le precede, lista que he relatado en orden cronológico, pero que no corresponde al orden de mis afectos. Fue gracias a ella que mi interés en la relación entre el arte, la política y la memoria se convirtió en obsesión. Su instalación de sillas sobre la fachada del Palacio de Justicia – elemento transversal al arte político colombiano- me produjo y produce dolor, me abruma y me hace sentir comprometida con el presente y el futuro político de mi país, me hace parte de una historia que todos heredamos pero que pocos reconocemos.

En una intervención sin precedentes en Colombia, durante el 6 y 8 de noviembre de 2002 Salcedo colgó 280 sillas de madera en la fachada del Palacio en la esquina entre la carrera 7° y la calle 11, esta acción/instalación evocó la memoria colectiva de Colombia en relación a la toma del Palacio en 1985.

Noviembre 6 y 7 (2000)
Noviembre 6 y 7 (2000)

Las sillas a mi parecer representan la ausencia de quienes ya no están, una silla se usa y desusa dejando un vacío, su caída desde lo alto me hace pensar en nuestra memoria pendiendo de un hilo, siempre en riesgo de desaparecer. La acción duró 53 horas, las mismas en las que el fuego cruzado, el Palacio en llamas, los tanques, el dolor y la desesperación conformaron una escena de horror, una apropiación del territorio por la violencia, un reflejo del acontecer desgarrador que se vive en toda la geografía colombiana, aquella vez, los hechos no acontecieron en un paraje recóndito de nuestro país, no se jugó con la vida de nuestros compatriotas en medio del silencio del campo y la ausencia del Estado, el país entero fue testigo del horror.

Tal vez Obregón no lo sabía en el 83, su obra sobre la muerte de Gloria Lara  recordaría un falso positivo judicial, en ese sentido y de manera intencional a través de la exposición Plegaria Muda (2008-2012) Doris Salcedo- entre otros fenómenos sociales relacionados con jóvenes, Estado y muerte- denuncia las desapariciones de miles de jóvenes colombianos entre los años 2003 al 2009, víctimas de un premeditado sistema de incentivos que dentro del ejercito de nuestro país premiaba la muerte de guerrilleros, esos jóvenes fueron usados para hacer crecer las cifras. La exposición compuesta por piezas en donde la madera se funde con el acero, el concreto y pasto que crece entre la adversidad, es un llamado a gritos a nuestra memoria colectiva en medio de la esperanza que nos genera el brote de la vida.

Acción en Duelo (2004). Doris Ardila y otros artistas iluminaron la Plaza de Bolívar con veinticinco mil velas el día 3 de julio a las 5:00 p.m. en conmemoración del secuestro de los Diputados del Valle.

Acción en Duelo (2004). Doris Ardila y otros artistas iluminaron la Plaza de Bolívar con veinticinco mil velas el día 3 de julio a las 5:00 p.m. en conmemoración del secuestro de los Diputados del Valle.

 

«Yo vengo de Colombia, un país en el que sólo hay ruinas. Eso nos dejaron las guerras, el colonialismo y el imperialismo, eso marca mi perspectiva… soy una artista del tercer mundo. Desde esa perspectiva, la perspectiva de la víctima, la de los pueblos derrotados, es desde donde miro el mundo. Trato de rescatar esa memoria como si fuese posible, pero por supuesto, no tengo éxito, es por eso que mi obra no representa algo… es simplemente la insinuación de algo… es intentar traer hacia nosotros algo que ya no está aquí…» Doris Salcedo

 

 

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